Otro derrame expone el riesgo de los pozos petroleros abandonados en el norte de Salta

Especial / Profundo
Un nuevo derrame en un yacimiento inactivo del área Aguaragüe volvió a encender la alarma sobre los pozos petroleros que permanecen sin abandono definitivo en el norte de Salta. El caso se registró en una zona de yungas de Campamento Vespucio, en General Mosconi, y reabrió una discusión que combina ambiente, control estatal, responsabilidad empresaria y trabajo local.
En el lugar se tomaron muestras de suelo que serán analizadas por un laboratorio especializado de Tartagal, con el objetivo de determinar la composición de las surgencias y su posible impacto ambiental. El episodio se suma a otros antecedentes que ya habían puesto en evidencia los riesgos de los pasivos petroleros en la región.
El problema de fondo no es solo el derrame puntual, sino la existencia de pozos inactivos que no fueron cerrados de manera definitiva. En Salta hay cerca de 1.400 pozos petroleros, pero apenas unos 50 mantienen algún nivel de producción. El resto forma parte de una estructura heredada de décadas de actividad hidrocarburífera que todavía necesita relevamiento, control técnico y remediación.
El norte provincial ya conoce los costos de esa falta de cierre adecuado. En Lomas de Olmedo, el pozo LO-X10 permanece con fugas desde 2023 y generó acciones por daños sobre suelos, acuíferos, flora, fauna silvestre y animales de cría en zonas cercanas a La Estrella, en Pichanal. Otro antecedente grave fue el pozo MDT-14, en Puesto Guardián, que tuvo erupciones de hidrocarburos mezclados con agua en 2006 y recién pudo ser sellado años después.
La Provincia informó que inició un relevamiento de los pozos que siguen sin los sellados exigidos para su abandono definitivo. Ese paso aparece como clave para dimensionar el riesgo real y definir responsabilidades, porque los pasivos ambientales no desaparecen solos: requieren monitoreo, intervención técnica y controles sostenidos.
El diputado por San Martín, Nicolás Arce, planteó que el problema también puede abrir una oportunidad de trabajo genuino en la zona. Las tareas de saneamiento, medición, apertura de caminos, instalación de obradores, toma de muestras y cierre técnico podrían involucrar a empresas y trabajadores del departamento, donde existe experiencia vinculada a la actividad petrolera.
Para San Martín y Orán, el tema tiene una lectura directa: el norte no solo fue territorio de extracción, también convive con las consecuencias ambientales cuando los proyectos quedan sin control suficiente. La discusión de fondo es si la provincia puede transformar un pasivo heredado en una política seria de remediación, prevención y empleo local.
El nuevo derrame en Aguaragüe vuelve a mostrar que los pozos abandonados no son un problema del pasado. Son una deuda ambiental activa, ubicada en territorios donde viven comunidades, trabajan productores y todavía existen capacidades técnicas que podrían ser parte de la solución.